La confianza comienza a construirse desde la infancia, siendo nuestros padres los primeros en prestarnos atención, aportarnos seguridad y hacernos sentir queridos. Luego y a medida que transcurre el tiempo, logramos conocer nuestras capacidades y cualidades, fortaleciendo así esta sensación interna de certeza y seguridad que nos envuelve. La confianza es frágil y sutil y afecta todas nuestras relaciones interpersonales, sean comerciales, laborales, particulares o íntimas.
Por ejemplo cuando vamos al médico, confiamos en que el especialista que nos atiende conoce su trabajo, que los títulos que exhibe son legítimos y que por lo tanto, entregará un servicio de acuerdo a lo esperado. Al relacionarnos con un amigo, pensamos que éste nos estima y entiende, que va a estar disponible cuando lo necesitemos, y que no hará nada para lastimarnos. En una relación de pareja esto es más evidente, ya que aquí nos mostramos tal cual somos, expresamos nuestros temores e intentamos construir un mundo a nuestra medida, para sentirnos cobijados, acompañados y seguros.
Por esto, quien no goza de confianza en sí mismo, posterga las decisiones, va dejando cosas sin hacer y mantiene una actitud de parálisis e incluso pesimista de la vida. Con todo esto sólo consigue certificar, que no es una persona en quién se pueda confiar y comienza un círculo “vicioso”.
La confianza en la empresa
Si pretendemos introducir confianza en el ámbito laboral, hay que saber comprometer al conjunto de trabajadores, para que sean leales con los compañeros de trabajo, con el equipo, con los proyectos, con los clientes y con ellos mismos. Esto se logra teniendo un ambiente de optimismo dentro de la organización, en donde se puedan exponer abiertamente los puntos de vista para influir positivamente en el entorno emocional de nuestros colaboradores.
De más está decir, que nos sentimos atraídos por las jefaturas que proporcionan sentido a nuestro quehacer, que nos motivan y saben comprometer nuestras ilusiones, talentos y habilidades personales. Por ejemplo el simple hecho de tener un jefe “predecible”, contribuye considerablemente a aumentar la confianza en el lugar de trabajo, ya que de una u otra manera nos resulta más creíble. Y si además es justo, coherente y ecuánime, es muy probable que termine estableciéndose como un líder.
Lamentablemente en muchas empresas existen variados problemas por la falta de confianza y que al parecer, las jefaturas no perciben. Trabajadores que desconfían de sus jefes, empleados que desconfían de sus pares, organizaciones que desconfían de sus clientes y la lista sigue y sigue.
Es más, muchas organizaciones se han acostumbrado a funcionar correctamente, sólo aplicando el modelo del “garrote y de la zanahoria” para lograr sus objetivos. Esto es, pagarles a sus trabajadores un incentivo económico cada vez que se les solicita un esfuerzo adicional. Estas prácticas aparte de desvirtuar la relación, son poco efectivas, ya que sólo el 25% de los empleados termina trabajando todo lo que puede, el otro 25% puede hacer más de lo que hace, pero no quiere hacerlo y el restante 50% hace lo justo para mantenerse en la “pega”. Esta situación devela entre otras cosas, la poca o nula credibilidad que alcanzan las jefaturas en su entorno, no pudiendo cautivar ni menos convencer a sus pares para lograr objetivos en común.
Debemos recordar, que la confianza no se regala sino que se gana y la credibilidad es la base para lograrla.
¿Pero cómo podemos ser creíbles? por favor apunte:
Siendo íntegros: Esto significa teniendo principios, respetando a los demás y no me refiero a “tolerarlos”, sino que a verlos como a un igual. Además, manteniendo una preocupación honesta hacia ellos y teniendo coherencia entre lo que decimos y lo que hacemos.
Siendo competentes: La competencia pasa por saber hacer las cosas (cualidad técnica) y cómo hacerlas (procedimiento). Si no poseemos ambas, seremos igualmente incompetentes a los ojos de los demás.
Teniendo autoconfianza: Aunque muchos creen poseer esta cualidad, pocos en verdad la logran, ya que implica cierto grado de “vulnerabilidad” hacia el otro. Claro, porque el que tiene autoconfianza constantemente está creando espacios en donde puede compartir con los demás a través de un dialogo franco y con apertura mental.
Hoy en día existen muchos directivos que por desconfianza consigo mismos, precisan de un constante reconocimiento de parte de su entorno, permaneciendo obsesionados por las apariencias y la necesidad de parecer casi perfectos, lo que de una u otra manera termina entorpeciendo el normal funcionamiento de la organización.
“Dado que la confianza no se regala
si no que se gana, la credibilidad es la base
para lograrla”
Por esto la organización basada en la confianza se concreta, cuando las personas que la lideran son auténticas y cumplen ejemplarmente con la conducta que piden a su personal. Cuando logran traspasar responsabilidades y toma de decisiones a los subalternos y cuando promueven la libertad suficiente para innovar, que es la fuente de crecimiento y de mayor rendimiento en la empresa.
Recordemos, que los trabajadores desconfiados se comprometen menos, son poco eficientes y no cooperan adecuadamente con el sistema. Y los jefes que desconfían, gastan más tiempo controlando y dirigiendo a sus subalternos, lo que ocasiona obviamente un mayor gasto operativo.
Por tal motivo, debemos potenciar la confianza día a día en nosotros, conociéndonos más, viviendo activos (opinando, eligiendo, escogiendo), valorando nuestras capacidades y estando concientes de nuestras limitaciones. Debemos afrontar riesgos con prudencia y sensatez, manteniendo relaciones de calidad en donde la comunicación abierta, positiva y sincera sea una constante. Además debemos dejar de lado las tensiones y el control continuo, permitiendo mostrarnos sin caretas.
No olvide los siguientes comportamientos que le ayudarán a ser y verse más confiable:
•Diga siempre la verdad.
•Muestre confianza en los demás.
•Capacite sin egoísmos.
•Sea receptivo a nuevas ideas.
•Acepte riesgos personales.
•De crédito cuando corresponda.
•Anteponga el interés de los demás al propio.
Finalmente y como usted ya se imagina, ganar la confianza de alguien es muy difícil porque necesita un sin número de demostraciones en el tiempo y perderla es lamentablemente demasiado fácil. Por lo tanto, debemos acostumbrarnos a que dar y recibir confianza, es un acto que debe asumirse con mucha responsabilidad. Y aunque se piense que los seres humanos están propensos a traicionar y a engañar y por lo tanto no son dignos de confianza, le comento que muchas personas al igual que usted, desearían tener un ambiente propicio para desenvolverse en forma más relajada y lograr así romper, este círculo vicioso que nos termina angustiando.
Después de todo y tal como dice Robert Levering: “Un excelente lugar para trabajar, es aquel en donde nos sentimos orgullosos de lo que hacemos, nos alegramos de compartir con los compañeros y confiamos en las personas para las cuales trabajamos”